Mi historia nunca contada


Era una tarde de septiembre de 2008.

Sentado en un banco de la facultad de veterinaria de la universidad de Murcia.

Empezaban los llamamientos para elegir carrera universitaria.

Ya me había mentalizado: Para educar, no hace falta ser maestro.

Si no entraba en magisterio seguiría educando, inspirando y motivando a los jóvenes para que fuesen su mejor versión. 

Aunque fuese en un lugar distinto a la escuela.

Sonó mi nombre y entré para elegir carrera, la última plaza de magisterio de educación física era para mí.

A pesar de estar plena crisis y que los consejos que recibía a mi alrededor eran: elige una carrera con salidas…

A esto se sumaba que era bueno en números, podía hacer una ingeniería o A.D.E. 

Pero sabía que lo mío era la educación.

Ya en la universidad me “vendieron” que tenia que ayudar a mis alumnos a sacar buenas notas, prepararlos para que fuesen capaces de hacer las tareas y superar los exámenes.

En la especialidad de educación física también comprobé la parte de inculcar motivación para mejorar el rendimiento físico y la salud.

En 2012 con la carrera terminada y un master a punto de finalizar, con la famosa crisis que continua y ante la nula posibilidad de acceder a un puesto de trabajo en un colegio, tuve que volver a repetir mi mantra pero mejorado:


Para ser maestro no hace falta estar en una escuela.

Por ello decidí lanzarme al mundo emprendedor, realizando actividades de ocio y tiempo libre.

Inicie mi propio proyecto donde a través de la diversión quería inculcar valores positivos.

Esto me llevo a conocer el termino gamificación, que se refiere a aprovechar los elementos de los juegos para crear un contexto motivador, en este caso con el aprendizaje.

Seguí investigando con el interés de aprender más sobre como crear experiencias de aprendizaje memorables, incluso inicié el blog gamificacion.club donde compartía mis aprendizajes (Un virus, tristemente, acabo con todo lo escrito en este blog).


Diseñar experiencias de aprendizaje, una necesidad en nuestras aulas.

En 2013 entré a trabajar como tutor de primaria y especialista en educación física. 

Durante esos curso cree diferentes experiencia  de aprendizaje como la Clase de los héroes, Los Ilusionadores e Insuperables.

Mis alumnos se involucraban dentro de una historia y necesitaban aprender para avanzar en la misma. Disfrutaban y aprendían… pero todo no fue un camino de rosas.


Preparar a los alumnos para el futuro.

Yo sabia que lo que enseñaba, aunque fuese atractivo para los alumnos, no les preparaba para el éxito en el mundo actual.

En un mundo en constante cambio, el empleo para toda la vida no existe. Yo lo había vivido y la escuela no me había preparado para sobrevivir en él.

Amaba mi trabajo, pero sentía que estaba quemando mi pasión poco a poco a base de exámenes y de ver la poca coherencia entre lo que enseñaba y las necesidades del mundo actual.


En los momentos de reflexión se obtienen los mejores aprendizajes.

Mi momento de mayor duda y mayor reflexión coincide que mi contrato en la escuela termina (para ser exacto, al estar en una cooperativa, tenia que entrar a formar parte del grupo de socios, o no podía seguir y por azar o por suerte no conseguí la financiación).

Imagínate, me encontraba en un momento de gran reflexión sobre por qué me estaba desconectando de mi vocación inicial, me planteaba constantemente cómo podía enseñar a mis alumnos cosas que había aprendido en mi época de emprendedor, prepararlos para la sociedad actual y ayudarlos a ser su mejor versión.


Empoderamiento. Los alumnos dueños de su aprendizaje.

En los últimos dos meses en mi colegio, probé a desarrollar con mis alumnos un proyecto que en EE.UU han llamado Genius Hours.

Esto consiste en que se programa una hora a la semana donde los alumnos trabajan libremente en el proyecto que ellos deciden.

Tienen que establecer un resultado deseado, planificar las tareas a realizar para llegar a ese resultado y preparar una presentación donde compartir sus resultados y lo que han aprendido en el proceso.

Pude comprobar como mis alumnos, deseaban terminar las actividades que yo mandaba, para poder ponerse a trabajar en sus proyectos y lo mejor de todo en esos proyectos estaban aprendiendo habilidades que realmente son necesarias en la sociedad actual.

El clima del aula era distinto en esa hora y los alumnos tomaban sus propias decisiones, no actuaban en base a lo que yo había indicado (o lo que decía un libro). 

Esta forma de trabajo estaba más cerca de lo que buscan las empresas en la actualidad: Iniciativa y autogestión.


Una nueva forma de estar en la educación.

En ese momento decidí volver a emprender, quería aprender cómo preparar a los niños para el futuro, cómo crear propuestas de aprendizaje más atractivas y compartirlo para ayudar a otros maestros que estuviesen pasando por esta misma situación (por eso nace Escuela de experiencias).

Empecé a descubrir a muchos educadores y expertos en educación de EE.UU, Reino Unido y Australia que están preparando a sus alumnos para tener éxito en la vida.

Estudié las investigaciones de Art Costa, Bena Callick y James Anderson sobre los hábitos de la mente. Profundicé en los estudios de Carol Dweck sobre la mentalidad de crecimiento y la propuesta de practica deliberada investigada por Anders Ericsson.

Todo esto me ha dado una claridad para ver los requisitos que cumplen las personas que tienen éxito en la vida y poder tener un plan de acción para preparar a los alumnos para que sean aprendices ágiles.

Un aprendiz ágil es aquel que es capaz de ser flexible y adaptarse a los cambios que se producen en la sociedad, a una gran velocidad.

 Por lo tanto las características indispensables para nuestros alumnos.

También he investigado y continuo aprendiendo de todos los educadores que comparten este propósito y trasmiten pasión en cada una de sus clases. (En parte gracias al podcast Revoluciona tus clases).


Un enfoque distinto.

Ahora tengo claro que cómo preparar a los jóvenes para un mundo donde la incertidumbre será la normalidad.

Conozco que hábitos son necesarios enseñar y entrenar en los alumnos, cómo poder utilizar los contenidos como medio para practicar esos hábitos y cómo crear proyectos que inviten a los alumnos a descubrir sus talentos y pasiones.

Además tengo claro que la revolución de la educación empieza por la revolución de cada maestro y que cada uno de nosotros tenemos un arma secreta para transmitir nuestros contenidos de una manera que nos permita brillar y que nuestros alumnos se impliquen en el aprendizaje.

Ese arma secreta es la pasión.

Esta pasión unida al conocimiento de la asignatura y al conocimiento de estrategias de creatividad y de conocer la estructura de una experiencia de aprendizaje, permite que los alumnos aprendan de manera significativa.

Los maestro tenemos el currículo de nuestra asignatura que es fijo y del que no podemos salir, pero la forma en la que entregamos esos contenidos nos pertenece y es la que marca la diferencia.


Mi propósito.

Después de todo este periodo de aprendizaje ahora quiero ayudar a maestros a que creen formaciones que les permitan implicar a los alumnos en el aprendizaje y prepararlos para tener éxito en la vida y de esta manera que disfruten de su trabajo cada día.

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